Para escribir este mensaje me sumergí en un gran lago de recuerdos y vivencias que desde su agua clara y tibia que reconfortan. Así me sentía cuando estaba con Claudia, que siempre con su bella sonrisa hacía florecer la mía cuando estábamos juntos y florece ahora que la recuerdo. Su sensibilidad, su capacidad de leer a alguien y saber cómo se sentía con sólo observarlo, su apertura a conocer y comprender sin juzgar, son las constantes en una relación que cada vez que nos volvíamos a hablar era como si no nos hubiéramos dejado de ver.
Desde estas australes tierras hay una persona que siempre la va a recordar con mucho cariño, con una gran sonrisa en la cara y en sus ojos, sabiendo que el Dios de la vida en estos momentos debe tener largas e intensas conversaciones con ella por su sabiduría encarnada en su forma de ver y encarar su existencia.
Un gran abrazo a todos y todas y nos veremos ojalá pronto. Oscar

Leer el libro de la vida, cuya protagonista es nuestra querida y recordada Claudia, requiere de toda la capacidad de apertura mental y sensibilidad, para que el mensaje de ella, lleno de profundidad y transparencia penetre nuestra conciencia y nos permita entender el tiempo que vivimos que vivimos, aprender y ascender cada día en nuestra perfección; como seres inteligentes, solidarios capaces de vernos en el espejo del otro y ponernos en sus zapatos.
ResponderEliminarPara mi, Claudia fue un espejo de dulzura, claridad y belleza en todo sentido, conservo como si la viera en todo momento su bella sonrisa y su hermoso rostro. Gracias amigos por este significativo libro.